jueves, 1 de noviembre de 2007

Crazy

No quería despertar. Le aterraba lo que el sol iba a mostrarle. Odiaba tener que darle la razón a los mismos sentidos traicioneros que por la noche lo habían engañado.

Siempre que abría los ojos la veía. Pero el tiempo no alcanzaba más que para unas sonrisas. Después, el vacio.

Le temía a la locura que sentiría al comprobar que, sin embargo, ella no era mucho más que algunas arrugas en su cama.