Siempre que abría los ojos la veía. Pero el tiempo no alcanzaba más que para unas sonrisas. Después, el vacio.
Le temía a la locura que sentiría al comprobar que, sin embargo, ella no era mucho más que algunas arrugas en su cama.









En este blog amontono textos fugitivos. Los insurrectos no sólo se escaparon de mi pluma, también desertaron de las buenas costumbres. Sepan disculpar al autor. Con buena voluntad y mucha comprensión, podrán leer a los más dóciles; otros sin embargo, son tan tozudos e indecisos que se trasforman constantemente, mutando de género, cambiando su extensión, reeditándose hasta el infinito. Hubo uno que se disolvió de tanto refregar letras con letras. Otro me solicitó imperiosamente un cambio de sexo.
A pesar de todo, es un gusto y una aventura compartirlos. El puente está tendido, gracias por cruzarlo
Juan Ignacio
“Yo escribo y el lector lee, es decir, que se da por supuesto que yo escribo y tiendo el puente a un nivel legible. ¿Y si no soy legible, viejo, si no hay lector y ergo no hay puente?
Porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente puente mientras los hombres no lo crucen.Un puente es un hombre cruzando el puente, che”.